Hoy no voy a hablar de OpenSolaris ni nada parecido, voy a hablar del fin de la misión STS-107 del transbordador espacial Columbia, un tema que me tiene obsesionado incluso desde antes de que sucediera.
Todo comenzó un 28 de enero de 1986, cuando solo contaba con 7 añitos. Con esa edad ya sabía algo sobre los transbordadores espaciales, pues en mi casa siempre había libros sobre ciencias, astronomía, etc y el tema suscitaba siempre un interés especial en mi familia.
Aquel día estaba en la cocina con mis padres, preparándonos para el almuerzo y como siempre, a la hora de las noticias, nos sentábamos a comer. La noticia del día era que el transbordador espacial Challenger subía al espacio de nuevo con una profesora de EEUU a bordo. Era la primera vez que un civil subía al espacio con fines “académicos” y sobre todo subía para enseñarles a los niños lo que se hacia allí arriba.
Recuerdo que transmitieron el proceso de despegue desde el primer momento (después supe que era una reposición). Mi madre estaba fregando unos cacharros antes de sentarse a la comida y antes de ello, subió el volumen del televisor. Me dijo “Ves? Esa nave va a subir al cielo con una profesora y va a enseñarnos a todos lo que se siente una vez estés allí arriba”.
Yo observaba alucinado los destellos de los motores del transbordador, justo cuando se encendían y empujaban la nave hacia arriba. Por supuesto no tenia ni idea de como funcionaba todo aquello, pero para un pequeño como yo, era algo divertido e interesante, algo así como una película de ciencia ficción.
Sin embargo, transcurrido poco mas de un minuto sucedió algo imprevisto, el Challenger explotaba ante nuestra miraba atónita, y ví como el horror paralizaba a mis padres, que rápidamente subieron aún mas el volumen del televisor.
Al igual que las películas, la increíble explosión en el aire me dejo aterrorizado, sobre todo sabiendo que no era ficticio, que era algo real, que la profesora y los demás astronautas murieron. Y me eché a llorar…
Aquel hecho me dejó marcado de por vida, y desde entonces empecé a interesarme enormemente por los transbordadores, como funcionaban los despegues, puestas en órbita y reentrada en la Tierra. Siempre tuve mucho miedo de que algo pudiera volver a suceder.
Pasados los años, seguía con detenimiento las noticias y las notas de prensa sobre los vuelos espaciales, sobre la rivalidad de EEUU y la antigua Unión Soviética en el programa espacial y cualquier tema relacionado.
Con la llegada de Internet a nuestro hogar y con un montón de libros deborados, el interés por saber sobre las misiones era casi obsesivo, tenia recortes de prensa, documentos e informes impresos, todo lo que podía recoger para estudiarlo posteriormente. Llegué incluso a estudiar el funcionamiento de AutoCAD y programas de modelado para recrear los transbordadores espaciales, e incluso hacer pequeñas simulaciones en mis ratos libres.
Hace un lustro, en el 2003, la NASA todavía no retransmitía -que yo sepa- las misiones por Internet, pero como ya he dicho, siempre estaba atento a lo que la TV y los periódicos decían. En esta ocasión, estaba siguiendo la misión STS-107 de la NASA con el veterano transbordador Columbia.
Se descubrió que durante el despegue de la nave, el día 16 de enero del 2003, hubo un desprendimiento de un trozo de espuma de poliuretano -aislante del tanque externo- dañando varias losetas de protección térmica del ala izquierda del transbordador. Recordemos que las losetas de protección térmica son imprescindibles a la hora de entrar en nuestro planeta, pues protegen a la nave del calor producido debido al rozamiento con la atmósfera durante la reentrada.

Concretamente el fragmento tenía un tamaño de 50×40x15 centímetros y un peso de 1 kg aproximadamente, golpeado el ala a un 800 km/h -la fuerza del impacto se calculó en casi una tonelada-. El golpe producido en forma tangencial perforó un par de paneles detrás del borde de ataque, cerca del tren de aterrizaje del Columbia. El accidente no fue percibido por los tripulantes de la nave, ni tampoco durante la misión. El control de misiones de la NASA, al parecer, estuvo al tanto del desprendimiento del resto, pero desestimó el alcance del evento.
Agotado el tiempo de la misión (unos 15 días), el transbordador Columbia tuvo luz verde para su reentrada a la atmósfera de la Tierra y ahí es donde empezaron los problemas.
Debido al impacto del fragmento de espuma durante el despegue, se desprendieron varias losetas de protección térmica cerca del tren de aterrizaje del transbordador. El calor abrasivo del plasma que se forma durante la reentrada, produjo la destrucción por fusión de la estructura interna (“el chasis” se derritió literalmente) del ala izquierda, lo suficientemente grande como para desestabilizar la nave.
Durante la reentrada, los sensores térmicos detectaron un aumento inusual de temperatura en la región del impacto. Debido a esto, el ala finalmente se desprendió, ocasionando que el transbordador girara violentamente sobre sí mismo, deshaciéndose estructuralmente debido a la fuerza aerodinámica.
A las 8h en EEUU, se perdió la comunicación con el Columbia, que estaba ya sobre Nuevo México. Hubo una ultima imagen por infrarrojos del transbordador:
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Minutos después, todos los telediarios del mundo nos informaban de que el Columbia, junto a su tripulación, se desintegraba mientras surcaba los cielos de Estados Unidos a una velocidad aproximada de 13.000 millas por hora…
Aquel día todo el mundo volvimos a revivir lo sucedido con el Challenger, de nuevo, los tripulantes del transbordador no volverían a casa nunca más.
Volví a llorar… aún encontrándome en la oficina rodeado de mis compañeros de trabajo, tuve que marcharme de mi sitio… solo unos pocos sabían por qué el dolor me desgarraba tanto.
Los tripulantes del Challenger y del Columbia eran -y son- parte de nuestra historia, unos héroes que alimentaron las ansias del hombre por saber más: qué sómos, de dónde venimos, a dónde vamos, seguiremos aquí mañana?
Estos hombres y mujeres dieron sus vidas en nombre de la ciencia y todos deberíamos tener muy presente que sin la ciencia, sin los viajes espaciales, sin ésta tecnología, sin nada de eso, nos quedaremos sólos en este mundo, nos estancaremos y no sabremos a dónde ir….
Este post sólo pretender ser un pequeño tributo a las tripulaciones de los transbordadores perdidos:
Columbia, tripulación de la misión STS-107: Rick D. Husband, comandante de la mision, William C. McCool, piloto, David M. Brown, Laurel B. Clark, Kalpana Chawla, Michael P. Anderson, especialistas de misión y finalmente Ilan Ramon, especialista de carga.
Challenger, tripulación de la misión STS-51L: Michael J. Smith, Dick Scobee, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Christa McAuliffe (la profesora), Gregory Jarvis y Judith Resnik.
Allá donde estéis, gracias….
Afortunadamente, la NASA ya está trabajando para que esto no vuelva a suceder.















